La despedida de una sonrisa sincera y de unos ojos melancólicos junto con unas lágrimas en la madrugada son cosas que pasan y ya
30 años, me siento aturdido, acabo de revisar el historial del teléfono de mi recién fallecida hermana. Me duele mucho, me destroza saber que ella quería seguir viviendo, saber que se pudo hacer más y que yo pude haber hecho más, son cosas que no me dejaran en paz. Y son cosas que cargaré como una anda permanente, que recuerde mis remordimientos y mis culpas. Saber que hay personas que quieren seguir viviendo y no pueden, que la vida se les acaba y los que nos quedamos aquí tenemos la opción de afrontar y sufrir o de ser descarados indiferentes y caras duras. La muerte de un ser querido, énfasis en ser querido, es una situación trágica, que acarrea un dolor y tristeza inmensos. Que dejan un vacío profundo y desolador, y que los métodos para sobrevivir la pérdida son poco efectivos y que la única cura es el tiempo. El tiempo que se escapa y no espera. Me da vergüenza ver como tantas cosas que me pasan no me cambian, como sigue siendo el mismo maldito indiferente. ...